Hacia una nueva normalidad:

Cosos taurinos/ historias y espacios

Andrea Sellés, Ismael Ugena y José Luis Campos por Crystalzoo

 

El presidente del gobierno Pedro Sánchez anunciando la nueva normalidad. Autor agencia EFE. Foto Newtral.

“Avanzamos hacia una nueva normalidad” esta frase da mucho que pensar en gran cantidad de aspectos. Normas de conducta y hábitos sociales deben ser revisados. Muchos lugares tendrán que ser repensados, oficinas, viviendas, colegios, espacios públicos, de relación y ocio. Queremos seguir al hilo de nuestro artículo anterior “Todos nuestros postres son caseros: espacios de trabajo domésticos” de forma que podamos analizar diversas tipologías con las posibilidades que se abren dentro de las mismas debidas a la pandemia actual del coronavirus. Curiosamente este artículo surgió como forma de revisión postCOVID19 de nuestro anterior articulo sobre el diseño de espacios de trabajo.

En este artículo queremos abordar las plazas de toros desde una perspectiva urbana atendiendo a su potencial como espacio de articulación de esos nuevos flujos urbanos post COVID19. Y queremos empezar por este tipo de edificio por una serie de razones, una de ellas es la posibilidad de este espacio como parte de una solución arquitectónica que de respuesta a una nueva situación social y económica en la que nos vamos a encontrar en un breve espacio de tiempo.

Está claro que la situación de partida es compleja ya que no solo se trata de un edificio con cierto valor patrimonial, sino que esconde una compleja controversia que ha mantenido dividida la población en seguidores y detractores, a todos los niveles, desde su inicio. Por este motivo es necesario pararnos a reflexionar sobre el tema en esta primera parte del artículo que debido a su extensión dividiremos en dos, centrándonos en el primero en la historia y en la evolución del coso taurino y desgranando posibilidades y conclusiones en el segundo.

Estreno Toros de Wild Frank. Autor Molinos de papel. Foto DMAX.

El presentador y veterinario Fran Cuesta en su serie documental Wild Frank narraba así sobre el mundo taurino:

“Las corridas de toros son el único espectáculo del mundo donde alguien muere. El toro siempre, y el torero a veces…. Indudablemente estos días la sociedad está partida y en muchísimos sitios se han prohibido las corridas de toros, pero para bien o para mal somos conocidos en el mundo entero por las corridas de toros”

El mundo taurino es una parte indisoluble de nuestra historia, de nuestra cultura y de la forma en que nos ven desde el exterior. Otra cuestión sería decidir si es así como nos gusta que nos representen. Y es que como escribía M. Martín Ferrand en ABC “Buena parte de la grandeza de la fiesta de los toros se la debemos a su detractores”. Las personas a favor de este espectáculo han ido siempre de la mano de sus opositores, confiriéndole una importancia desmedida debido a su propia confrontación. Pero el dato es que en los últimos diez años el número de festejos taurinos en España ha disminuido más del 57% (fuente: Ministerio de Cultura y Deporte), lo cual dibuja una realidad tangible a la que nos enfrentamos tanto a nivel social como territorial. Pero las nuevas normativas que surgirán tras la pandemia, nos marcarán nuevas reglas de distanciamiento social y los espacios de espectáculos masivos se encontrarán en el punto de mira, el coso taurino recibirá una estocada de la que difícilmente podrá salir en muchas de sus ubicaciones.

 

… historias

Para conocer a fondo este histórico debate, es necesario dar un paso atrás para verlo con perspectiva ya que no siempre han estado permitidas las corridas de toros en nuestro país. No queremos extendernos demasiado, recomendando la lectura del libro de Juan Ignacio Codina “Pan y toros: breve historia del pensamiento antitaurino español”.

V tauromaquia: Cites y Quites. Autor Vicente Arnás. Foto Vicente Arnás.

En su libro relata como en 1.565 el Concilio de Toledo las declaró “muy desagradables a Dios” y dos años después el Papa Pio V las prohibió mediante la bula papal DE SALUTIS GREGIS DOMINICI, amenazando a la monarquía y en concreto al rey Felipe II, posicionado en su contra, con la excomunión en caso de incumplimiento y sin sepultura eclesiástica a todo aquel que muriera en una corrida.

Los papas que le sucedieron rebajaron el tono prohibiendo las corridas solo los domingos, evitando que coincidieran con el culto dominical.

De igual forma en 1785 Carlos III, intentó abolir las corridas mediante la “Pragmática Sanción” en repetidas ocasiones pero con escaso éxito, hasta que en 1805 Carlos IV prohibió las corridas de toros de muerte sin excepción alguna. El espectáculo siguió retirando la estocada evitando el incumplimiento de la Real Orden.

El matador corso en peligro. Autor desconocido. Foto Paris Musées Collections- Ville de Paris.

Será José Bonaparte quien restauró la tauromaquia como estrategia para acercarse al pueblo español. Y a pesar de esto, durante la guerra de la Independencia las corridas de toros se convirtieron en un símbolo nacional como parte de la propaganda bélica, transformando la tauromaquia en un arma política frente a los franceses. Y así continuó durante el posterior reinado de Fernando VII que fomentó su cambio de estatus hasta convertirla en la Fiesta Nacional.

Por tanto observamos que la tauromaquia ha sido un fenómeno de masas capaz de movilizar a un pueblo entero, haciendo que los poderes facticos se hayan posicionado de un lado u otro en función de la conveniencia del momento.

 

… espacios

Las corridas de toros no han estado siempre vinculadas a una tipología constructiva cerrada. Hasta el siglo XVII, esta actividad se ubicó en el espacio público principal de las ciudades, estando delimitado por los edificios colindantes. Uno de los ejemplos más importantes era la Plaza Mayor de Madrid, cuya morfología fue renovada y perfeccionada en 1.619 por órdenes de los reyes Felipe II y Felipe III, para incrementar su capacidad hasta sesenta mil espectadores incluyendo ventanas y balcones. Siendo éste un concepto más permeable y contemporáneo que la idea de una plaza de toros cerrada, más exclusiva y privada.

Plano original de la plaza mayor de Madrid. Autor Juan Gómez de Mora. Foto National Geographic.
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Como arquitectos periféricos, vamos a centrar la evolución del espacio taurino en nuestra provincia. Parra de Uña y Jericó Almansa describen en su “Estudio de las plazas de toros de Alicante y provincia” como cien años más tarde, en nuestra capital, se optó por acondicionar la actual Plaza del Mar para celebrar las corridas de toros. Estas plazas tenían unas dimensiones similares a los actuales cosos taurinos con una morfología adaptativa por lo que son consideradas un espacio exitoso, versátil y permeable. Y así lo destacaba el arquitecto Juan Calduch en su libro “Memoria y tiempo” reseñando que:

“…debido a sus características, configuraban una relación entre su arquitectura formal y su funcionalidad que nos permite cierta revisión del pasado junto con una libre interpretación de usos futuros.”

Con el paso del tiempo, se empezaron a usar estructuras efímeras de madera, que delimitaban el ruedo mediante vallas de protección y gradas para el público. En Alicante en el siglo XIX, con una población de 13.000 habitantes, se instalaban plazas provisionales en diferentes puntos de la ciudad, en la Plaza de las Barcas (actual Plaza Gabriel Miró) y la Plaza Posada San Francisco hasta que, en 1804 se optó por montar un coso taurino “provisional” para 5.000 espectadores en la Plaza del Barranquet (actual Plaza del Teatro) que se desmontó 41 años después.

A pesar de que en Alicante no se encontraba hasta esta fecha una plaza de Toros tal y como la conocemos en la actualidad, en otras ciudades sí que se construyeron. El primer coso fue construido en la ciudad de Béjar en 1.711. Estas edificaciones contienen todo lo necesario para albergar una corrida de toros. En los espacios anexos al edificio principal podemos encontrar corrales para los caballos, toros, cuadras, almacenes, aseos, capilla, enfermería, un espacio para camas, quirófano, desolladero, entre otros.

En su origen, estas plazas se encontraban aisladas de la trama urbana, dado que la gran escala del edificio junto con temas de higiene, no permitía una fácil inserción en la ciudad, por ello se elegían espacios fuera de la ciudad, como en el caso de la ciudad de Alicante, donde en 1.847 se decidió construir extramuros, en el Raval de San Antón, un lugar estratégico que comunicaba la ciudad con los pueblos al norte de la misma, como San Vicente del Raspeig, Castalla, Ibi o Alcoy, entre otros.

En el resto de pueblos de la provincia, su ubicación fue elegida por el mismo motivo, buscando una zona sin edificar, a las afueras, cercano a los ejes principales de circulación con otras localidades.

Ubicación plazas de toros de la provincia de Alicante con respecto a sus ejes urbanos actuales junto con su fecha de construcción. Autor Andrea Sellés e Ismael Ugena.

Actualmente estas plazas han quedado totalmente embebidas en la ciudad debido a su crecimiento, y las principales carreteras conectoras entre poblaciones se han convertido en ejes principales de comunicación en la ciudad. A su vez, importantes edificios y parques han ido construyéndose próximos a la plaza. Por todo ello, su ubicación en la ciudad se torna privilegiada y nos ofrece un importante abanico de posibilidades. Parte de los cuales explicaremos en nuestro próximo artículo el cual os invitamos a leer.

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